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6 joyas de la perfumería Lancôme

30 May

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29 de mayo, 2017

El nombre de Armand Petitjean es desconocido para mucha gente, pero el de Lancôme es reconocido mundialmente en el ámbito de la belleza; Petitjean es el fundador de la maison francesa de la rosa. En 1935 fundó la casa que tocaría la vida de muchas mujeres alrededor del mundo, en ese entonces, lanzó una línea de cinco perfumes. Posteriormente llegaría el maquillaje y las cremas.

En 2016, para rendirle homenaje a Petitjean, Lancôme le pidió a seis reconocidos perfumistas que crearan una fragancia única; así nace la línea Maison Lancôme: Grand Cru, con tres florales y tres orientales. El nombre viene de los vinos en los que se mezclan distintas variedades de uvas de distintos orígenes.

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Los perfumistas elegidos para crear esta línea son:

Florales

  • Dominique Ropion – Jasmins Marzipane
  • Olivier Gillotin y Shyamala Maisondieu – Lavandes Trianon
  • Shyamala Maisondieu – Tubéreuses Castane

Maderas

  • Ilias Ermenidis – Ôud Ambroisie
  • Fabrice Pellegrin – Ôud Bouquet
  • Christophe Raynaud – L’Autre Ôud

Me encanta que cada vez haya más casas que hacen sus perfumes con amor y cariño, sería algo así como “slow parfumerie”, no son fragancias creadas al vapor en dos meses, como las de celebridades… Son perfumes únicos, de “alta perfumería”, hechos por narices privilegiadas y con los materiales de más alta calidad que hay en el mundo, entre ellos jazmines, tuberosas, lavanda, rosa damascena y madera de oud.

Los perfumes son para hombre o mujer, el chiste es que descubras cuál es el que más te gusta, sin importar que sea floral o amaderado.

Grand Cru está disponible en México en exclusiva en el Palacio de Hierro de Moliere a partir de este mes de mayo, el precio de cada uno es de alrededor de MX $3,700 pesos.

Los frascos son también una belleza, hechos con cristal y placas doradas con un grabado en relieve. Uno de estos perfumes es un lujo absoluto. Qué emoción que se sigan haciendo cosas tan bonitas y perfectas.

Las notas únicas de Le Labo

30 Jan

30 de enero, 2017

Gracias a Valentina y Javier de Le Labo Marylebone, en Londres.

Entrar a una tienda de Le Labo (se pronuncia “le labó”) es una gran experiencia, especialmente si te gusta lo relacionado al mundo de la perfumería. Son minimalístas y a la vez, cálidas. Puedes pasar horas probando los perfumes y preguntando la historia de cada uno. También hay velas y línea de productos para el baño.

Yo iba con un objetivo en mente: Santal 33. Una de las fragancias más originales e irreverentes con las que me he topado en mi vida. Su ingrediente principal es el sándalo, lo que “santal” significa en francés. Huele como a cuero y humo, súper sexy.

En 10 minutos ya me había enamorado de, por lo menos, 15 perfumes más: el de rosa, de jazmín, de pimienta, de neroli… Es el paraíso para una amante de la perfumería como yo. La mayoría de los perfumes están pensados para que los usen tanto hombres como mujeres.

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Le Labo es una marca de perfumes de nicho originaria de Nueva York, fue fundada por Edouard Roschi y Fabrice Penot (ambos fueron perfumistas de Giorgio Armani) en 2006; salieron al mercado con 10 fragancias. “Le labo” es una contracción de “le laboratoire”, ya ven que los franceses tienen cierta tendencia a acortar las palabras…

Los nombres los ponen de acuerdo al ingrediente predominante de cada perfume y el número de notas en la composición. Los fundadores creen que hay demasiadas fragancias en el mercado y que muy pocas tienen realmente alma o están hechas con cariño y dedicación.

Como los ingredientes de cada perfume son muy especiales, los precios son altos… En promedio, un frasco de 50 ml está en $175 usd, mientras que el de 100 ml está en $260 usd.

Pensé que era una marca independiente, pero recién descubrí que en 2014 los compró la compañía estadounidense Estée Lauder. Le Labo no hace ningún tipo de publicidad, ni le regala producto a celebridades.

Una vez que escoges que perfume que te llevarás, lo mezclan frente a ti. Fue interesante ver como añaden los químicos e ingredientes, pesándolos y mezclándolos cuidadosamente para que no haya margen de error. Los aceites esenciales del aroma elegido se mezclan con alcohol y agua. La etiqueta también la hacen al momento, la puedes personalizar con el mensaje que quieras.

Aquí el proceso:

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Salí triunfante de la tienda, con mi Santal 33 y Lys 41. Me quedé con ganas como de cuatro perfumes mas, pero los iré comprando poco a poco. ¿O alguien me quiere regalar el Rose 31?

Digo adiós con una dosis de Santal 33 recién puesta.

Historias y aromas de Arquiste

21 Jun

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“Un aroma es una cápsula de tiempo. Puede invocar a nuestros recuerdos más íntimos y sueños y abrir las puertas de mundos distantes.”                                                  Carlos Huber

En estas épocas en las que se lanzan cientos de perfumes al año y ya cualquier celebridad tiene su propia fragancia, se agradece que alguien le dedique tiempo y cariño al antiguo oficio de crear aromas francos e innovadores.

Carlos Huber, mexicano que vive en Nueva York, se ha colocado como uno de los favoritos de la perfumería mundial con Arquiste, su casa de fragancias de nicho.

La marca nació hace cinco años y en ese tiempo, Carlos ha logrado entrar con éxito a tiendas de la talla de Barneys, Printemps, Fortnum & Mason y Liberty London, entre muchas otras, con perfumes inspirados en momentos de la historia en países como España, Japón o México.

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Carlos no sólo es talentoso, también es encantador, culto y, por si fuera poco, guapo. Dejemos que sea él quien nos platiqué como llegó al increíble y complejo mundo de la perfumería:

“¿Cómo pasaste de la arquitectura a la perfumería?

Fue un salto manteniendo siempre un pie en el otro lado, porque no corté con la arquitectura. Lo vi como un proyecto dentro de mi carrera como arquitecto y restaurador. Yo trabajaba en Ralph Lauren cuando conocí a Rodrigo Flores Roux (el único perfumista mexicano reconocido en el mundo de la alta perfumería), nos hicimos amigos; siempre me había gustado mucho el perfume y su mundo, desde siempre soy muy sensible a los olores.

Rodrigo me invitó a su laboratorio en Givaudan, y me dijo: “si de verdad te interesa, yo te doy clases, vamos a hacerlo en serio”, y así fue como empecé.

El perfume es un producto cultural, igual que la arquitectura o el arte; había una conexión muy importante con la historia y eso me enamoró. Tanto en la arquitectura como en los perfumes se trabaja con experiencia, ambos hablan de una experiencia corporal en un espacio: el perfume lo llena de una manera y la arquitectura crea el espacio para ese contenido.

Se me antojaba hacer esto; leo mucho sobre historia y encontré un texto que explicaba como la corte francesa se juntaba con la española a mediados del siglo XVII en un pabellón de madera y se critican mutuamente: que si las españolas usaban mucho maquillaje, que si el pabellón construido recientemente olía a madera de pino y a barniz… Ahí me di cuenta que se podían restaurar las experiencias olfativas de esos momentos a través de un perfume. Arquiste se convirtió en algo que no solo es un proyecto de arte.

¿Eres perfumista?

Soy desarrollador de fragancias, no perfumista. Yo desarrollo el contexto histórico, propongo los ingredientes y trabajo con el perfumista para hacer realidad alguna idea de fragancia; ellos son los que construyen las fórmulas.

¿Qué es lo que más te ha gustado de crear Arquiste?

Que me cambió la vida, actualmente me dedico de lleno a las fragancias. Mi carrea de arquitecto está en pausa por el momento, pero no la abandonaré. Me encanta el diseño de un perfume, ser Project manager de mi marca; disfruto ser emprendedor, tener mi negocio, aprender de facturas, producción y de todo lo relacionado a llevar una empresa.

Arquiste me ha hecho desarrollar muchas partes en mi cabeza y ha traído gente maravillosa a mi vida. Quienes trabajan en la perfumería suelen ser gente que tiene un amor por la vida y por la belleza del mundo natural y el arte. Mis perfumes me han permitido viajar a todos los lugares del mundo en los que he lanzado; he tenido eventos en ciudades como Dubai y Ginebra, he ido a Australia y a Japón. Conocí esos lugares desde adentro, no sólo como turista. Esas experiencias con gente local las uso en el trabajo, investigo las culturas más a fondo y luego hago un perfume.

¿Cuáles son tus fragancias favoritas de Arquiste?

Architect’s Club es la que más me gusta en mi, es un perfume que me da mucho placer, me gusta, es adictiva.

De Nanban estoy muy orgulloso, esta fragancia fue seleccionada como una de las cinco mejores a nivel mundial por la Fragrance Foundation EUA. Ese perfume está reconocido a nivel internacional; el proceso de desarrollo fue largo, vimos como funcionaban en la piel los ingredientes. En realidad todos tienen algo que decir, ninguno se confunde con otro; son aromas muy bien armados. No son perfumes que pasan de moda, son atemporales, sus ingredientes se eligen “elegantemente”, con mucho cuidado.

¿Cuál es tu postura ante los ingredientes naturales y sintéticos de los perfumes?

Calidad y sustentabilidad. Me voy siempre por la calidad ya sea en productos naturales o sintéticos; también influye la sustentabilidad, hay que ser responsables de donde vienen esos ingredientes, cómo se obtienen y como afectan a las comunidades que los producen. Prefiero los ingredientes que tengan un reflejo positivo en la comunidad de la que provienen, una constancia de elaboración.

Para mi es importante que el vetiver de Haití siempre sea de la misma calidad, si esta varía, el aroma final va a cambiar.

Este punto es interesante pues el perfume cambia, es una cosa que vive y viene de cosas vivientes. Una fórmula de los años 50 va a cambiar hoy, en principio por las regulaciones de ingredientes y también por las variaciones en cosechas de flores.

En Arquiste nos gusta usar productos naturales, siempre considerando calidad y sustentabilidad; hay ingredientes cuya nobleza viene de la naturaleza.

¿Tu aroma favorito?

El de la gardenia.

¿Por qué te tomó tanto tiempo llegar a México?

Fue una cuestión de timing, no se había dado la oportunidad y ahora estoy feliz de entrar a México con El Palacio de Hierro de Polanco. Hace cinco años no había el mismo mundo de retail que hay actualmente en México y “El Palacio de los palacios” ha ayudado a eso. Ahora ya tengo una plataforma donde presentar Arquiste con el nivel que yo necesitaba. A veces hay que probarse fuera para que nos escuchen adentro.”

Yo sólo les digo que los perfumes de Arquiste son una locura. Yo soy muy de florales y los suyos son fantásticos: Flor y canto, Infanta en flor, Fleur de Louis y Boutonnière no. 7. También Architects Club y Nanban son únicos, además, los nombres me parecen una belleza.

Me da mucho gusto que ya tengamos Arquiste en México. Me despido enamorada de Fleur de Louis.

 

 

 

Las flores de Flores

6 Apr

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Artículo previamente publicado en la revista Gentleman 

Ser el único perfumista latinoamericano reconocido en la arena de la alta perfumería mundial, no es cualquier cosa. Rodrigo Flores Roux estudió en Francia y ha trabajado para empresas líderes en el mercado de la creación de aromas y para firmas como Dolce & Gabbana, Arquiste y Tom Ford. Conoció a Carolina Herrera (hija) en un elevador y, además de trabajar con ella, la admira enormemente y la considera una gran amiga. Rodrigo nos cuenta un poco de su impresionante trayectoria y cómo fue la experiencia de hacer dos perfumes para la nueva colección de House of Herrera: Herrera Confidential. (Aquí puedes conocer la línea completa)

Cuéntanos Rodrigo, ¿Cómo llegaste al mundo de la perfumería?

Desde niño me apasionaban los aromas. Estudié biología en la UNAM, pero no terminé pues me aceptaron en la escuela de perfumería Isipca, que está en Versalles, en Francia. Ahí estudié durante dos años y regresé a México a trabajar en International Flavors and Fragrances (IFF) donde estuve cinco años. Ellos me llevaron a la casa matriz de Nueva York. Actualmente soy vicepresidente de creación de la casa suiza Givaudan, el proveedor de fragancias y sabores más grande del mundo; en enero cumplo 25 años de ser perfumista y 20 de haberme ido a vivir a Nueva York. En esos años he tenido el privilegio de trabajar con marcas internacionales de abolengo y tradición.

¿Qué significa para ti ser mexicano?

Me llena de orgullo. Pongo un poco de México en todos mis perfumes: su colorido, botánica, historia; si no es el nardo es el cempasúchil o una poesía de Carlos Pellicer. México es una gran fuente de inspiración para mi y eso hace que mi trabajo tenga un sello específico. Además, soy el único perfumista nacido al sur del río Bravo que trabaja en perfumería fina, eso también es un orgullo para mi.

¿Cómo llegas a House of Herrera?

Siempre quise trabajar en esa marca; en los últimos años me he especializado en perfumería artística o de autor y en Herrera Confidential, querían enfocarse en mi trabajo floral. Trabajamos juntos en los perfumes de la flor de naranjo y en el de nardo. La naturaleza del proyecto dictaba fragancias de muy alta calidad por lo que fue un proceso largo con un nivel de exigencia alto. Trabajé con Elizabeth Vidal, perfumista interna del grupo Puig; paralelo a eso, yo conocí a Carolina (hija), en el elevador de mi oficina, ella iba a Puig que está en el mismo edificio. Nos vimos después en México y me pidió que la llevara al mercado de Jamaica, le dije que fuera en “estilo relax” y se presentó con un vestido de flores y zapatos de tacón, pero ahí anduvimos de arriba a abajo. Fuimos a ver las flores, el mole, los chiles y muchas cosas más, quedó feliz.

 

Cuéntanos de tus dos creaciones par Herrera Confidential.

Por ser florales, están muy cerca de mi corazón. Nerolí Boheme es un perfume cítrico; crearlo fue una cuestión personal pues en casa de mi papá hay un naranjo que da una flor muy aromática y eso lo tuve presente. También lleva salvia y extracto de jazmín; es un perfume muy matizado que se percibe como una colonia, pero que da un kilometraje extraordinario. Herrera Tuberose fue un reto pues el nardo es la flor estandarte de la casa Herrera. No querían la flor viviente, sino un aroma icónico. Creamos un acorde perfumístico con pequeños toques retro. Inserté el nardo sensual en plena flor y quedó la manifestación de una flor sobre la mujer que representa el mundo de alta costura de Carolina Herrera.

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¿Cuál es la flor que más te gusta cómo huele?

La magnolia que, por cierto, es de origen mexicano. Es una de las flores más difíciles de reproducir, tiene una química muy específica pues es un árbol prehistórico que se relaciona con el limón, la rosa y el jazmín, pero no es ninguno de esas. Es casi imposible de reproducir. La madreselva me fascina, no tenemos en perfumería los elementos para crear una madreselva perfecta; en el Pedregal en la Ciudad de México, se captura ese olor divinamente por las noches. También adoro el jazmín y las gardenias.

¿Qué fragancia de Herrera Confidential funciona bien en un hombre?

Creo que Neroli Boheme va a ser un éxito, pues tiene ese encuentro con olores de colonia de la infancia. Pero para la gente atrevida –a mi me gustan las flores en hombre– me encanta el Herrera Tuberose; huele fantástico en un chico.

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¿A qué huele el hombre mexicano?

Los mexicanos somos muy pulcros; el hombre mexicano huele a limpio. Tiene un olor jabonoso muy agradable. Nos encantan las lociones de olores amaderados; esa es una imagen muy latina, con un pequeño dejo de tabaco y cuero.

¿El olor que más te desagrada?

El del tabaco masticable, da muy mal aliento y lo hueles a distancia.

¿Qué opinas de los perfumes de creación exprés?

Lo he dicho antes, he propuesto una pausa en esa prisa de creación. Me gustaría que las casas de perfumería analizáramos si el mercado puede aguantar tantas fragancias. Y conste que yo también me declaro culpable, pero el ingrediente que más nos hace falta a los perfumistas es tiempo. Un perfume vive, evoluciona, es entre un ser vivo o una pieza de música y necesita cariño, evolución y desarrollo. El oficio de la perfumería implica introspección, búsqueda y emoción y esas cosas necesitan tiempo; como dicen en EUA: “Stop and smell the roses”, eso es lo que hace falta a nivel mundial.